El Valencia toca el cielo de Sevilla con la conquista de su octava Copa del Rey (1-2)

Francisco Estellés/ @siskoestelles

Como un huracán saltó el Valencia a disputarle la Final de la Copa del Rey a un Barça, que pese a estar en horas bajas, era el favorito. Con más de treinta mil almas en el Benito Villamarín empujando a su equipo, el Valencia no podía fallar.

Con esa convicción de que se podía levantar la octava arrancó el conjunto de Mestalla el partido. Primero, con una ocasión clarísima de Rodrigo, tras una contra perfecta, empezada por Parejo, que acabó en las botas del hispanobrasileño, que se plantó en el área, lo hizo todo bien, dribló a Cilessen, y cuando ya la grada del Valencia cantaba gol, Piqué salvó bajo palos.  Era el minuto cuatro y los de Marcelino sabían a qué tenían que jugar.

Con un dominio ficticio del Barça, el Valencia cerraba todos los pasillos interiores para que Messi no hiciera diabluras. Muy encimado el astro argentino, emergía la figura de Coquelin y Parejo, para tras recuperación, machacar a la contra con la velocidad de Guedes y el talento y clarividencia de un inspiradísimo Carlos Soler.

Así llegó el primer gol. Con esas armas. Con una salida a la contra de libro que ejecutó Gayá por la izquierda, la puso al área, donde con gran determinación e instinto de Killer Gameiro se revolviera y fusilara a Cilessen. (0-1) para el Valencia en el  minuto 21.

Sintió el hierro el Barça que intentó contrarrestar con más velocidad, pero sin convicción. Crecido el Valencia, cada contra blanquinegra era una ocasión. Y así llegó el segundo, con una contra llena de fuerza y coraje en la que Soler le ganó la espalda con velocidad a Alba, apuró la línea de fondo, levantó la cabeza y le puso una asistencia llena de fuerza y tensión para que Rodrigo remara de cabeza e hiciera el segundo. El Villamarín parecía Mestalla, y la afición lo celebraba mientras entonaban el “Sí se puede”, (0-2) .

Solo inquietó el Barça por medio de Messi, a poco del descanso, con un zurdazo seco y duro que Jaume desbarató con una portentosa estirada. La final estaba en las botas de los hombres de Marcelino. El Valencia creía, la afición soñaba, y así se llegó al descanso.

Los sueños se cumplen, de nuevo en Sevilla

La segunda parte fue otra historia. Con el Barcelona volcado sobre la meta de Jaume, el Valencia se defendía de las acometidas blaugranas con orden. Sin embargo, el jugador argentino tomó la responsabilidad de su equipo e inquietaba con sus acciones bien trenzadas una y otra vez.

La primera clara en el cincuenta y uno cuando el Messi combinó con Malcom, para recoger una asistencia del lateral, y con el exterior de su bota izquierda, estrellar el cuero en el palo de la portería del Valencia. Ocasión clara.

Contestó el Valencia con una contra rápida que acabó con una falta sobre Rodrigo en la frontal del área. Dani Parejo fue el encargado de ejecutarla, pero tras su disparo, el capitán  valencianista resbaló y acabó por lesionarse. Poco después era sustituido ante la ovación del público que coreaba su nombre.

Tanto apretaba el Barça que al final, en el minuto  setenta y uno, Messi recortó distancias al recoger un rechace del palo tras un cabezazo desde desde dentro del área. Se crecía el Barça, y empujada por su afición, le metía más presión a un Valencia, que hasta el momento estaba jugando su final soñada.

Minutos de incertidumbre y de mucha tensión también en la grada. Se volcó el Barça con todo mientras que el Valencia se defendía con el corazón, con el alma de treinta mil aficionados en el Benito Villamarín y toda una ciudad, Valencia, vibrando con su equipo.

Momento en el que los aficionados del Valencia en el Benito Villamarín, vibran con la entrega de la octaca Copa del Rey para el club de Mestalla Foto: @siskoestelles

Pudo marcar el tercero Guedes en una contra en la que se quedó solo ante Cilessen. Pudo marcar el Barça por medio de Messi, pero su disparo acabó en un corner que subió a rematar hasta el portero del Barça. Y en la contra, Guedes, sin portero, falló lo imposible…  pero ya daba igual, el Valencia era campeón once años después.

El Valencia tocaba el cielo de Sevilla con una afición que lo llevó en volandas. Sevilla volvía ser tierra santa. El Valencia conquistaba la octava Copa del Rey porque un equipo, un entrenador, un club y una ciudad habían creído. El Valencia se convertía, de nuevo, en Campeón de Copa.  La Copa más deseada con el final bonito. Felicidades Valencia CF.