La campaña ‘Comer Territorio’ de Hostelería Valencia y la Diputació de València apuesta por dinamizar la gastronomía y la cultura de la comarca
F. Estellés/ @siskoestelles
Con motivo de la presentación de la campaña ‘Comer Territorio’, impulsada por Hostelería Valencia (FHEV) y la Diputació de València, esta semana viajamos hasta Castielfabib, una de las villas con más historia —y también con más silencio— del Rincón de Ademuz, para conocer su pasado, su presente y una gastronomía que se resiste a desaparecer.
Un reducido grupo de periodistas partimos desde València rumbo a una comarca tan hermosa como desconocida. El Rincón de Ademuz es abrupto, pintoresco y profundamente valenciano, aunque geográficamente encajado entre Cuenca y Teruel. Nuestra isla interior. Un territorio que fue vital en la historia del Reino de València y que hoy sufre un proceso de despoblación tan real como preocupante.
Tras atravesar el altiplano de Utiel-Requena, optando por la A-3, recorremos apenas unos kilómetros de la provincia de Cuenca antes de descubrir un paisaje que se vuelve cada vez más agreste: montañas, carrascas, pinos y peñas, unidos por carreteras que, no hace tanto, eran poco menos que imposibles de cruzar.
Dejamos atrás Casas Altas y Casas Bajas, con la vega del río Turia y el Ebrón como columna vertebral, y comenzamos el ascenso hacia Castielfabib. La villa aparece imponente, encaramada a la roca, consciente de su papel clave en la Reconquista del Reino de València.
Llegamos a las once de la mañana. Sol de invierno y apenas ocho grados. No es casualidad: el pueblo se alza a 930 metros sobre el nivel del mar, suspendido sobre una gran peña. Nos recibe su alcalde, Eduardo Aguilar, quien nos conduce al Ayuntamiento. En el salón de la Casa de la Villa, la historia se despliega con la naturalidad de quien la ha heredado.

Origen del Reino de Valencia
La toma de Castielfabib por Pedro II de Aragón en 1210, tras un largo asedio, marcó el inicio de la recuperación cristiana del Reino de València. Fue un dominio efímero, pues los musulmanes la recuperaron hasta que en 1238 Jaume I la incorporó definitivamente a la Corona de Aragón. En 1273, el Tratado de Almizra confirmó su pertenencia al Reino de València, aunque durante siglos la villa fue objeto de disputas territoriales.
Con la disolución de la Orden del Temple en 1319, Castielfabib pasó a manos de la Orden de Montesa, que estableció aquí su baronía. Los siglos XIV y XV trajeron conflictos constantes, como la Guerra de los Dos Pedros, que obligaron a reforzar su castillo.
Tras la explicación, recorremos las calles estrechas y empinadas hasta la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles, centro religioso clave que acogió el primer sínodo del obispo de Segorbe en 1358. En el siglo XV, los agustinos fundaron el convento de Nuestra Señora de Gracia. “Es una iglesia que ha sufrido el abandono, en gran parte por la despoblación, pero que ahora está en plena reconstrucción”, señala el alcalde.
Desde uno de los miradores, el paisaje se abre. Aguilar nos señala el Convento de San Guillermo, al otro lado de las hoces del río Ebrón. Suspendido casi en el aire, al borde del precipicio, el edificio parece desafiar a la gravedad. Aislado, solitario, pero con unas vistas que explican siglos de historia.
Construido a finales del siglo XVI por los carmelitas de Aragón, el convento se vincula a la figura de Guillermo de Poitiers, duque de Aquitania, aliado de Alfonso I de Aragón en sus campañas militares. Posteriormente, pasó a manos de los franciscanos observantes de València, que lo ocuparon hasta la desamortización de 1835. Su orientación norte-sur, poco habitual, sigue intrigando a los estudiosos.

Más al este, entre las hoces del Ebrón, aparece la Central Hidroeléctrica de Castielfabib, inaugurada en 1914 y obra del ingeniero turolense José Torán de la Rad. Fue una de las más importantes de España en su tiempo, conocida popularmente como La Central.
Podríamos pasar el día entero descubriendo yacimientos, rutas, senderos y patrimonio. Pero esta visita tiene también un objetivo claro: dar visibilidad a un Rincón de Ademuz que no quiere vivir de espaldas a València, y reivindicar su gastronomía, sus productos de proximidad y su manzana esperiega, símbolo del territorio.
Comer Territorio
Dejamos Castielfabib y nos dirigimos a Los Centenares, complejo hotelero y gastronómico donde se presenta la campaña ‘Comer Territorio’. Nos esperan productores locales y el profesor de la CdT, Pascual Laza, que presenta una guía gastronómica con 75 recetas basadas en la cocina tradicional y el producto local del Rincón de Ademuz.
Desde Hostelería Valencia lo explican con claridad: “Con el objetivo de dinamizar las zonas rurales del interior de la provincia de València, impulsar su economía local y dar visibilidad a su patrimonio gastronómico”.
La iniciativa ‘Comer Territorio – Sabores que hacen pueblo’ busca reconocer la autenticidad, el talento culinario y el orgullo rural, reforzando el tejido social y económico de estos municipios.
Cae el sol y regresamos a València. Dos horas de autobús —algo menos en coche— para reflexionar sobre una visita que se nos ha hecho corta. Porque el Rincón de Ademuz merece protagonismo: por su historia, por su gastronomía, por sus gentes. Y porque quizá no somos conscientes de lo que tenemos a apenas hora y media del Cap i Casal.
Prometemos volver.

