El corazón de Les Useres, el corazón de Vicente Flors

F. Estellés/ @siskoestelles

Es la una del mediodía, Vicente Flors acaba de despachar con el informático que le está gestionando su web para poder ofrecer sus vinos ‘on line’. Tras su primera reunión casi al mismo tiempo está pendiente de la recogida de la aceituna en unos campos de olivos sitos en las bodegas con la que hará el aceite para su familia. 

Este martes hemos quedado con el bodeguero a mediodía, pero en la bodega, “siempre hay cosas que hacer”,  nos confiesa el bodeguero castellonense, “aunque la vendimia y el trabajo de embotellado del vino, a mediados de noviembre, ya esté listo esta temporada”, apostilla.

Vicente nos recibe en su pequeña bodega. Enseguida nos lleva a las entrañas de las instalaciones, una preciosa masía con tres alturas y con techos a dos aguas construidos en piedra. Primero, visitamos las bodegas, en la parte inferior de la edificación donde se fermenta, se procesa y se guardan los vinos.

En las tinas de acero se fermentan los mostos de las uvas que le darán los ocho vinos que comercializa con las variedades de monastrell, garnacha, tempranillo y cabernet sauvignon. Unos metros más arriba, se encuentran, en una estancia contigua, dos grandes pilas que almacenan las barricas de roble donde reposan los vinos para su crianza.

La Bodega Flors se localiza en el término de Les Useres, una bella población de la comarca del Alcalatén, en el interior de la provincia de Castellón. Es una tierra de secano que cuenta con cepas viejas y retorcidas de más de 60 años, la base a partir de la cual elabora sus vinos más personales, y entre ellos su vino más singular: Clotàs.

Vicente Flors es un romántico bodeguero que ha recuperado la tradición familiar vinícola gracias a ir remozando y ampliando su pequeña bodega, que se sitúa en el valle dominado por la bella población castellonense de Les Useres. 

La bodega se sitúa en un valle en Les Useres/ Foto: @siskoestelles

Romanticismo vinícola 

El empresario y bodeguero viene del mundo de la banca, en la que ha trabajado toda su vida como empleado sin perder de vista su máxima pasión por el mundo vino. Tras su jubilación en el mundo de las finanzas, desde hace unos años, ha dado un paso adelante para volcarse en cuerpo y alma a su pasión, el mundo del vino. Es un romántico. 

Tino Fernández, propietario del Bar Marvi de Valencia, hace tiempo que quería visitar a Vicente Flors y conocer Vicente, in situ, en la Bodega Flors. Hostelero y bodeguero se conocen desde hace tiempo puesto que Tino, en su carta de vinos de Marvi, suele ofrecer los vinos que Vicente elabora. 

“Siempre con prisas y sin tiempo”, comentan uno y otro… Flors y Fernández se han visto en ferias como Gastrónoma o en alguna visita furtiva del empresario de Castellón al Bar Marvi, pero siempre con prisas confiesan.  Hoy, sin embargo, vamos a disfrutar de la cata de sus vinos, en su casa, entre viñedos, almendros y olivos, para escuchar la sabiduría y las anécdotas de toda una vida que Vicente Flors nos cuenta.

Subimos a la parte posterior de la bodega, por la puerta principal de la pequeña masía. Tras subir una angosta escalera llegamos a un coqueto comedor que preside la parte superior de la bodega, y en el que también hay una cocina integrada. Una pequeña puerta da paso a una gran terraza donde se divisan todos los terrenos de la finca, y en la que con un sol y unas temperaturas impropias a estas alturas del otoño, Flors nos ha preparado unos fiambres y pan para hacer una pequeña cata de sus vinos, todo ello entre confesiones y anécdotas del bodeguero.

Este empresario con cara de bonachón, y sonrisa perenne, nos cuenta su pasión por el mundo del vino, de cómo ha llegado a cultivar sus viñedos,  y de cómo elabora sus propios caldos. Nos habla del  duro trabajo que da mantener la bodega, totalmente ecológica, en la que no se emplean apenas productos fitosanitarios. De estar pendiente del tiempo, de las lluvias, de las inclemencias meteorológicas, de las plagas, o del calor en verano para que maduren las uvas de manera óptima… 

Pero también nos relata la satisfacción que ello le supone después de tanto trabajo. Nos explica que produce ”solo 12.000 litros para ocho vinos diferentes”, subraya. Nos explica la génesis de una bodega familiar que heredó de sus abuelos, y en las que a finales del siglo XIX ya trabajaban.

Nos cuenta como en verano realiza, además de las visitas concertadas, también  “Cata bajo las estrellas”, que siempre son un éxito para los amantes del vino y la naturaleza en el marco incomparable donde se ubican las bodegas. Para ello, -nos relata- trae un gran telescopio que ubica en el porche para poder observar todos los astros, las constelaciones o la lluvia de estrellas en las noches mágicas de verano.

Vicente, asimismo, nos cuenta cómo a veces abre su casa a sus amigos para realizar catas, o  simplemente para disfrutar de una comida con sus amigos, como la que hoy nos ocupa, en su bodega. Tino y yo escuchamos, preguntamos, aprendemos del empresario. Nos sentimos unos privilegiados de compartir momentos irrepetibles, al tiempo que valoramos todo lo que hay detrás de sus vinos, de su “Flor de Clotás”, del “Blanc de Clotàs”, del “Clotas G”, del “Clotàs Monastrell”, del “Clotàs Tempranillo” o del “Dolcet”. 

Cata del Blanc de Clotàs en las bodegas de Vicente Flors/ Fotos: @siskoestelles

Somos unos afortunados, y compartimos su pasión a medida que vamos dando un sorbo a cada vino que nos saca. Seguimos hablando de la vida y de lo importante que son estos momentos para coger energías, para disfrutar de lo que la tierra nos da, y los bodegueros honestos y de gran corazón, como Vicente, trabajan. Y lo hacen en cada cepa de uva, en cada cultivo, en cada barrica, en cada botella de vino, en cada trago de cada una copa. 

Nos marchamos. Nos vamos a comer a Les Useres, donde tenemos mesa reservada tras la llamada de Vicente Flors a Pablo, chef y propietario del restaurante ‘Cal Mistero’, donde comeremos y seguiremos hablando de vinos, gastronomía, y de la vida en torno a la mesa.

Llegamos de día, nos vamos de noche ¡Qué rápido pasa el tiempo! Regresamos a Valencia convencidos de que Vicente, además de su casa, nos ha abierto su corazón ¡Gracias Vicente, y hasta la próxima!

Porche de las bodegas/ Foto: @siskoestelles