Tradición, producto y creatividad definen el proyecto de Riccardo Stillavato e Isabela Torrijos en la playa de la localidad de l’Horta Nord
Francisco Estellés/ @siskoestelles
Hay historias gastronómicas que nacen de una idea. Otras, de una trayectoria. Y algunas, como la de La Marimandona Beach, surgen de la vida misma.
Riccardo Stillavato lleva más de 30 años en Valencia. Italiano de origen, valenciano de adopción, y de familia porque aquí conoció a Isabel Torrijos, su vínculo con la ciudad es total. “Tengo mujer valenciana e hijos valencianos. He vivido más tiempo aquí que en Italia”, explica.
Su historia profesional siempre ha estado ligada a la hostelería. “Nos conocimos trabajando en este sector. Aunque hemos hecho otras cosas, siempre hemos estado conectados a la restauración”. Esa experiencia es la base sobre la que se construye La Marimandona, un proyecto conjunto que hoy es una realidad consolidada tras más de tres años y medio de evolución constante.
Una cocina que refleja quiénes son

La propuesta gastronómica del restaurante tiene como hilo conductor el Mediterráneo. Pero no como concepto genérico, sino como identidad personal, llevado desde la primera línea del restaurante, a la decoración del establecimiento, y por supuesto a la carta.
“La carta es un reflejo de nosotros. Ella valenciana y yo italiano. A partir de ahí, construimos una cocina donde predominan los arroces, los guisos y la tradición española, pero también la cocina italiana y otras influencias mediterráneas”, destaca Riccardo.
El resultado es una carta amplia, viva y en constante cambio, donde conviven platos valencianos con recetas griegas, italianas o guiños franceses. Todo ello con un denominador común: el producto y la honestidad culinaria.
Cocina mediterránea con esencia internacional

Stillavato aporta su origen italiano como uno de los pilares del proyecto: “La parte italiana es muy importante para mí, pero también hemos incorporado otras influencias gracias a nuestros viajes”.
Así, en la carta conviven platos griegos, franceses e italianos, además de la base española. “Creemos que las grandes cunas culinarias del Mediterráneo son la española, la italiana y la griega, sin restar valor a otras como la turca o la marroquí”.
En cuanto a la bodega sigue esa misma filosofía, con vinos procedentes de distintos países del entorno mediterráneo con un amplio protagonismo de los vinos valencianos pero donde no faltan otras deós italianas y también griegas.
Creatividad, evolución y cocina con criterio
Stillavato no es solo gerente, también es el jefe de cocina. Y eso se nota en cada detalle. “Me encanta cocinar. Paso mucho tiempo en la cocina y necesito crear constantemente”. Esa inquietud se traduce en una carta que evoluciona: “La cambio al menos una vez al año. Me gusta que el cliente que repite encuentre novedades, que se sorprenda”, apostila.
Platos como el pulpo en tres texturas, que es una de sus elaboraciones más reconocidas, reflejan esa filosofía cimentada en la técnica, creatividad y evolución constante. “A veces retiro platos, pero rescato ideas y las transformo en nuevas propuestas”.
Un enclave privilegiado junto al mar
Ubicado en una zona tranquila del litoral de l’Horta Nord, en la Platja de Puçol, el restaurante se beneficia de un entorno natural privilegiado. La cercanía de la playa, los campings y la marjal atraen tanto a público local como a visitantes extranjeros. “Es una zona muy familiar, muy segura, y cada vez viene más gente. Eso se nota también en el restaurante”, apunta.
Mucho más que un restaurante
La Marimandona va más allá del servicio diario. El espacio también acoge eventos como bodas, comuniones o celebraciones privadas, con una atención personalizada en cada detalle. Para ello cuentan con un grupo de profesionales tanto en sala como cocina que hace de la experiencia de comer en su establecimmiento sea plena.

Además, fechas señaladas como San Valentín, Navidad o el Día del Padre se convierten en experiencias especiales: “Siempre buscamos sorprender al cliente, con detalles diferentes, tanto en sala como en cocina”.
Son muchas las anécdotas que cuenta el matrimonio desde que abrieron hace más de tres años, pero sin duda la más llamativa y la que da origen a todo es la del nombre del restaurante.
El origen de un nombre con historia
Pero si hay algo que llama la atención desde el primer momento es su nombre. Y, como toda buena historia, tiene su anécdota.
“En aquel momento, mi mujer (Isabela Torrijos) todavía era mi novia. Trabajábamos juntos y una noche, mi jefe le dijo en tono de broma: ‘Eres un poco marimandona’”, recuerda Riccardo entre risas. “Y claro, la marimandona es ella”.
Justo entonces, la pareja estaba a punto de abrir un negocio -una tienda de ropa- y buscaban nombre. “Nos miramos y lo tuvimos claro: La Marimandona”, apunta Isabela Torrijos. Así que el nombre funcionó. Tanto, que trascendió aquel primer proyecto y hoy es una marca reconocible. “Nos gustó porque es divertido, diferente y la gente lo recuerda fácilmente”, apostilla de nuevo Isabela.
Una marca con dos conceptos
El crecimiento del proyecto ha llevado a diversificar la propuesta. En el mismo paseo, la familia gestiona también otro local: La Marimandona Pin-Up. “Es otro concepto. Más informal, con pizzas, burgers o perritos, inspirado en estética de los años 50. Este restaurante es más formal. Son dos propuestas distintas que se complementan, pero no compiten”.
Pasión por el detalle

Esa dualidad refleja la esencia del proyecto: versatilidad sin perder identidad. En cocina, en sala y en la gestión diaria. “Antes de sentarme aquí, ya había dejado listos los pedidos para mañana”, comenta. “Me gusta tenerlo todo controlado, trabajar con producto fresco y cuidar cada detalle”, puntualiza Riccardo.
Una filosofía que resume el espíritu de La Marimandona cimentada en la cercanía, el trabajo constante y una cocina que no deja de evolucionar. Porque, al final, más allá del nombre o del concepto, lo que define este proyecto es algo mucho más sencillo: hacer las cosas bien.
Horario amplio y propuesta flexible
La Marimandona abre todos los días con un horario amplio. Entre semana, desde el mediodía hasta la noche; y los fines de semana, desde la mañana con desayunos hasta el servicio de cenas.
En temporada baja ofrecen una fórmula similar a menú ejecutivo: “No es un menú del día al uso. Seleccionamos platos de la carta y creamos una opción más económica y flexible para quienes trabajan”.
