Pepelu, visiblemente afectado tras la derrota, reconoce los errores y ya piensa en recibir al equipo merengue en casa para resarcirse
SempreValencia/ @semvalencia
La Copa del Rey se escapó en el último suspiro. Cuando el partido pedía prórroga y Mestalla estaba preparada para seguir empujando, un error en la gestión final dejó al Valencia CF fuera de las semifinales y sumió a la grada en un silencio tan espeso como doloroso. No hubo recompensa para el esfuerzo ni para una afición que había convertido la noche en una de esas que se recuerdan… aunque esta vez por lo cruel del desenlace.
El Valencia había hecho muchas cosas bien. Firmó una primera parte muy seria, dominadora por momentos, sabiendo levantarse del golpe que supuso el gol en propia puerta y encontrando el empate con justicia. El equipo transmitía convicción, orden y ambición. “Hemos hecho una buena primera parte”, reconocía Pepelu tras el encuentro, consciente de que el plan había funcionado durante muchos minutos.
Tras el descanso, el duelo se fue equilibrando. El Athletic creció, el partido se cerró y entró en ese tramo peligroso en el que cada decisión pesa el doble. El Valencia resistió, incluso tuvo opciones claras para desnivelar la balanza, y cuando el reloj avanzaba hacia la prórroga, todo parecía indicar que la eliminatoria se decidiría desde los once metros… o en un último esfuerzo colectivo.
Pero no fue así. “Sabiendo que quedaba una prórroga, no podemos gestionar así la jugada”, lamentaba Pepelu, poniendo voz a un sentimiento compartido por todo el vestuario. En una sola acción, el trabajo de noventa minutos quedó sin premio. El golpe fue seco. Definitivo.
El dolor fue proporcional a la ilusión. “Nos vamos muy tristes porque queríamos dedicarle una clasificación a la afición”, insistía el capitán, visiblemente afectado. Y es que Mestalla había empujado desde el recibimiento hasta el último segundo, volcada con un equipo que había competido y que había generado expectativas reales en esta Copa.
Pese a la decepción, el mensaje desde dentro es claro: aprender y levantarse. “Son detalles, y hay que aprender”, subrayó Pepelu, asumiendo que el crecimiento del equipo también pasa por saber cerrar este tipo de partidos. El valencianismo entiende el golpe, pero exige respuesta.
Y el fútbol, como casi siempre, no concede tiempo para el lamento. Este domingo, el Valencia CF recibe al Real Madrid en Mestalla. Un partido mayúsculo, exigente, de esos que sirven para medir carácter y orgullo. “Cuando te caes, tienes que levantarte”, decía Pepelu, mirando ya al próximo reto. “Queremos devolverle a la afición el cariño intentando conseguir la victoria”.
La Copa ya es pasado. Duele. Mucho. Pero ahora toca transformar la frustración en energía competitiva. Mestalla volverá a estar. La pregunta es si el Valencia sabrá convertir el dolor de esta noche en el impulso que necesita para dar un golpe sobre la mesa ante el Real Madrid.
