La clóchina valenciana y el talento culinario protagonizan una jornada marcada por la creatividad, el sabor y la camaradería en el restaurante Albacora de Alejandro del Toro
Francisco Estellés/ @siskoestelles
Con el Mediterráneo como telón de fondo se vivió una jornada donde el arroz volvió a ser el gran protagonista. En la Dársena Sur de La Marina de València, en el Restaurante Albacora de Alejandro del Toro acogió el II Concurso Nacional de Calderos de Arroz, una cita que ya empieza a consolidarse como referente dentro del calendario gastronómico valenciano.
Entre el aroma de los caldos y la brisa marina que traía el Mare Nostrum, el Restaurante Casa Navarro de Almenara se alzó con el primer premio tras conquistar al jurado con una propuesta que equilibró técnica, producto y personalidad. Una victoria celebrada en un ambiente donde la competitividad dejó paso a la complicidad entre fogones.
Así, el podio lo completaron Sequial 20 de Sueca, en segunda posición, y el Asador Alfábega de Alginet, tercero, en una edición especialmente reñida por el alto nivel de los participantes.

El arroz como lenguaje común
Desde primera hora, cocineros llegados de distintos puntos de España comenzaron a desplegar sus calderos para reinterpretar la tradición arrocera valenciana. La consigna era clara, la de incorporar producto de temporada y la imprescindible clóchina valenciana, recién iniciada su campaña. Por eso el presidente de la Agrupación de Clochineros del Puerto de València, José Luis Peiró, no quiso perderse la cita.
El resultado fue un mosaico de recetas donde convivían respeto y vanguardia, con elaboraciones que exploraban nuevos matices sin perder la esencia del arroz como eje central de la gastronomía mediterránea.
Mucho más que un concurso

Pero más allá de la competición, el verdadero espíritu del evento se vivía en los márgenes del concurso. Durante toda la jornada, los asistentes pudieron disfrutar de degustaciones elaboradas por el propio Alejandro del Toro, anfitrión y alma de un espacio que se transformó en punto de encuentro para el sector.
Entre plato y plato, se sucedían conversaciones, reencuentros y brindis improvisados. Cocineros, productores y periodistas compartían impresiones en un ambiente distendido donde reinó la camaradería. Así que el entorno hizo el resto porque casi suspendidos sobre el Mediterráneo, elevados sobre la bocana que lleva al mar, y el ritmo pausado, la jornada iba avanzado sin prisas.
Un jurado con sello valenciano

El nivel de exigencia lo marcó un jurado de prestigio, con nombres com Bernd Knnöller, chef del Restaurante Riff de Valencia, que posee una estrella Michelín,Raúl Magraner, chef del Restaurante Bon Aire del Palmar y ganador de la edición anterior, Paco Gimeno, chef del Restaurante El Racó de Meliana, uno de los templos de los arroces valencianos en la Horta Nord.Eduardo Frechina, chef del Restaurante Castillo de Godella, y Rafa Brández, propietario y chef del Restaurante Enboga, que valoraron cada propuesta atendiendo a sabor, técnica, creatividad y respeto al producto.
No era una tarea sencilla puesto que cada arroz contaba una historia distinta, una manera personal de entender una tradición que sigue evolucionando.
Gastronomía, territorio y futuro
Impulsado por entidades gastronómicas y con el respaldo de instituciones como Diputació de València o marcas como Arroz Dacsa, el certamen reafirma su vocación de proyectar la cultura del arroz más allá de la receta. Porque en citas como esta no solo se cocina, también se construye relato, se reivindica territorio y se genera comunidad.
Y así, entre calderos humeantes, clóchinas abiertas al vapor y conversaciones que se alargaban frente al mar, el II Concurso Nacional de Calderos de Arroz cerró su edición dejando constancia de que el arroz valenciano sigue en constante diálogo entre tradición e innovación.
