Del 19 de febrero al 15 de marzo, la veterana compañía valenciana L’Om Imprebís despide de los escenarios valencianos con Hoy no estrenamos
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El telón baja, pero no por rutina. Esta vez tiene algo de punto y final. El camaleónico Carles Castillo dice adiós al público valenciano en Sala Russafa con Hoy no estrenamos, la exitosa comedia de L’Om Imprebís que podrá verse del 19 de febrero al 15 de marzo dentro del XV Cicle de Companyies Valencianes.
Más de cuatro décadas después de subirse por primera vez a un escenario alternativo en València, Castillo ha decidido hacer una pausa —quizá definitiva— en su trayectoria como intérprete. Y lo hace con una declaración de amor al teatro.
Una despedida a la altura
Hoy no estrenamos es un festín escénico: cuatro actores dan vida a catorce personajes en una comedia que convierte una academia de interpretación en espejo de la vida. Un militar, una bailarina, un ex torero, una enfermera estresada o un adolescente freak intentan montar nada menos que Hamlet. Lo imposible, en el teatro, rara vez lo es.
Creación conjunta de Carles Castillo, Carles Montoliu, Santiago Sánchez, Víctor Lucas y Michel López, la pieza —spin off del éxito La crazy class— combina humor, improvisación y ternura. Castillo y Montoliu despliegan una asombrosa capacidad de transformación, apoyados por la dirección milimétrica de Michel López y Santiago Sánchez.
Tras cuatro años de gira, más de 200 representaciones en España y Latinoamérica y el Premio del Público al Mejor Espectáculo de Sala en la Feria de Teatro de Castilla y León (Ciudad Rodrigo, 2023), la obra se despide de la cartelera valenciana en el que promete ser uno de los momentos más emotivos de la temporada cultural.
Un referente de la escena valenciana

Mimo, actor, director de escena, docente y escritor, Carles Castillo ha sido uno de los nombres imprescindibles del teatro valenciano contemporáneo. Más de 25 años vinculado a L’Om Imprebís y colaboraciones en cine, radio y televisión avalan una carrera marcada por el humor y la improvisación.
Solo le queda una espina: actuar en el Teatro Romano de Sagunto. “Me he muerto de envidia viendo a compañeros trabajar allí”, reconoce con honestidad. Pero también admite que ha disfrutado cada proyecto con intensidad, desde rodajes con Berlanga hasta largas giras teatrales.
Ahora quiere dedicar más tiempo a la montaña, la espeleología, la cocina o los viajes. “Me pesan más los kilómetros que los años”, bromea.
Cuatro semanas para la memoria
La estancia en Sala Russafa durante cuatro semanas contrasta con las giras exprés que dominan el sector. Para Castillo, este reencuentro pausado con el público valenciano será especial. Defensor de programaciones estables y del acceso universal a la cultura, el actor reivindica el teatro como un tesoro colectivo que debe cuidarse.
Quizá vuelva. Quizá no. Pero si algo deja claro esta despedida es que, si volviera a nacer, sería actor otra vez.
Y mientras tanto, el público tiene una última oportunidad de verle transformarse sobre las tablas.
