La periodista y presentadora repasa la evolución de la escena indie, el nuevo consumo musical y su experiencia en la radio y en televisión tras su paso por Cachitos de hierro y cromo
F. Estellés/ @siskoestelles
Virginia Díaz es una de las grandes referentes de la música en España. Licenciada en Periodismo, Díaz comenzó su carrera en el mundo audiovisual como guionista y redactora en diversos formatos televisivos. Su salto a la radio se produjo a comienzos de la década de 2000, cuando se incorporó a Radio 3 de RNE, la emisora pública especializada en cultura y música alternativa.
Desde hace 18 años dirige y presenta el programa 180 grados en Radio 3, donde se ha consolidado como una de las principales impulsoras de nuevos talentos. Además, durante una década estuvo al frente de Cachitos de hierro y cromo en La 2, un formato que marcó época y la llevó también a la televisión. Charlamos con ella sobre cómo ha cambiado la escena indie, el consumo musical de las nuevas generaciones y su pasión por la radio.
Versátil, rigurosa y apasionada, Virginia Díaz representa una de las voces más autorizadas y queridas del periodismo musical español. Su compromiso con la difusión de la música de calidad y su capacidad para tender puentes entre géneros, generaciones y plataformas la convierten en un referente imprescindible en el actual ecosistema cultural.
Nos citamos con ella el backstage del escenario de Viveros, antes de que empiece la actuación de El Kanka, dentro del ciclo de conciertos NIts de Vivers, en una velada que acabará con una ‘pinchada’ de la periodista tras la actuación del músico malagueño.
— Virginia, llevas ya 18 años al frente de 180 grados. Desde 2008 te has convertido, gracias al programa, en una gran promotora de nuevos talentos. ¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Cómo ha cambiado la escena indie en estos años?
— Ha cambiado muchísimo. Primero, en cuanto a calidad: ahora hay muchos menos prejuicios. Para mí, en general, hay más calidad que en los 90. En aquella época había como un complejo: no podías cantar demasiado bien, ni tocar demasiado bien, porque parecía que te acercabas a lo comercial.
Desde principios de los 2000 eso ha cambiado radicalmente.
Ahora, en la escena más underground o no mainstream —que no llega a tanto público, pero sí es muy potente— se han roto todos esos prejuicios. Las bandas no tienen miedo a sonar bien, cantar bien o tocar bien. Y eso da muchísima libertad.
Además, muestran sin pudor todas sus influencias. Te pueden decir que escuchan desde The Beatles hasta Estopa, pasando por Melody. Todo eso lo suman para crear sus discos, y se nota.
— ¿Crees que el público más joven consume la música de manera más rápida y efímera?
— Sí, totalmente. La mayoría no se para a escuchar un disco entero. Consumen canciones sueltas, muchas veces a través de redes sociales, y descubren temas por vídeos virales de 20 segundos. A veces ni saben quién canta la canción, pero luego van a los conciertos.
Aun así, hay un público fiel. En Valencia, por ejemplo, con bandas como La Habitación Roja, hay gente que sí espera los discos completos. Los melómanos siguen queriendo escuchar álbumes y cosas nuevas. Las dos formas de consumo conviven.
— ¿Cómo fue tu relación personal con la música? ¿Viene de familia melómana?
— No, en mi familia no había una tradición melómana como tal. Sí escuchábamos música, pero sin grandes pretensiones. Mi hermano y yo empezamos a comprar vinilos, y yo le machacaba los discos (ríe). No sabía inglés, pero me aprendía las canciones de oído.
Desde pequeña me ha gustado muchísimo la música. De adolescente grababa mixtapes, cintas de casete, para mis amigos. Era como hacer sesiones de DJ en cinta. No vengo de una familia de músicos, pero siempre he sentido una pasión enorme por la música.

— Has pasado diez años en televisión con Cachitos de hierro y cromo. ¿Qué ha supuesto para ti?
— Muchísimo. Cachitos funcionaba muy bien y a mí me ayudó a ganar mucha tranquilidad. Me aportó mucho, pero también era un sacrificio: tenía que dejar Madrid, a mis hijas, y viajar constantemente. Y al final llegó un momento en que no me compensaba ni profesional ni personalmente… Y llegó un punto en que sentía que ya no me hacía feliz, incluso me hacía pasarlo mal. Así que tuve la suerte de poder decir que no y parar. Ahora, con el programa –180 grados en RNE-, trabajo mucho, preparo entrevistas a fondo, y me aporta muchísimo más.
— ¿Echas de menos Cachitos?
— No. Me gusta mucho más la radio que la televisión. La radio es más espontánea, más cercana. Sí me gustaba hacer la Nochevieja, porque era más laxo y más conversacional. Pero el formato regular no lo echo de menos.
“En televisión llegó un momento en que ya no me hacía feliz”
— Sueles pinchar en festivales. ¿Qué estilo sueles llevar a esos sets?
— Pincho un poco de todo, pero sobre todo canciones que la gente conoce. Cuando vas a bailar, quieres canciones que te suenen. Me gusta empezar con temas menos conocidos e ir subiendo con cosas más populares, viendo siempre cómo responde la pista. No llevo una set list cerrada: Cierto es que tengo una estructura, como una guía para cada sesión, pero me gusta ir sintiendo la energía del público y adaptarme. Lo más importante es que todos lo pasemos bien.
