El galardón fue una serigrafía de un cuadro del propio mercado realizado por Horacio Silva
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Al Mercado de Colón le bastó con ser él mismo. Bajo su estructura modernista, donde la ciudad se detiene a conversar. a citars como punto de encuentro y a mirarse, València celebró algo más que una gala: celebró a quienes la hacen avanzar sin olvidar de dónde viene.
En la plaza de acceso por Jorge Juan, convertida por unas horas en escenario, la ciudad se reunió para aplaudirse. Comerciantes, vecinos, referentes culturales, empresariales y sociales compartieron una noche que tuvo mucho de gratitud y de identidad. Los primeros Premios Mercado de Colón nacieron con vocación de permanencia, reconociendo a valencianos que inspiran desde la comunicación, la cultura, el deporte, la ciencia, la empresa y la gastronomía.
Cada premiado recibió una serigrafía numerada de una obra creada expresamente por el artista Horacio Silva, una imagen del propio Mercado convertida en legado. Arte para premiar a quienes hacen de su trabajo una forma de arte cotidiano.
La gala, presentada con cercanía por Jesús Álvarez, arrancó con las palabras de José Manuel Manglano, presidente del Mercado de Colón, quien recordó el significado profundo del edificio: un lugar donde València se encuentra consigo misma. Manglano invitó al tejido socioeconómico y cultural de la ciudad a formar parte de la Comunidad Mercado de Colón y anunció un premio especial para la alcaldesa de València, María José Catalá, por su apoyo constante al Mercado incluso antes de ocupar el cargo.

“El Mercado de Colón es símbolo de una València vibrante, ambiciosa y orgullosa de su identidad”, afirmó la alcaldesa al recoger el reconocimiento, subrayando el compromiso del Ayuntamiento para que este emblema siga ocupando un lugar central en la vida de la ciudad. También hubo un emotivo premio especial para la familia de Francisco Mora, el arquitecto que soñó este espacio cuando València empezaba a imaginarse moderna.
El Premio al Deporte fue para José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del Consejo Superior de Deportes, que habló desde la emoción de quien vuelve a casa: “València es la ciudad donde nací, donde están mis amigos y mis mejores recuerdos”. Sus palabras sonaron a abrazo largo, de esos que se dan sin prisa.
En Ciencia y Empresa, el reconocimiento recayó en Ángela Pérez, referente nacional en genética y biotecnología, que recibió el premio como quien lo recibe en su propia sala de estar. “Premios así, en tu ciudad y en un lugar que sientes tuyo, son especialmente entrañables”, confesó emocionada.

El Premio de Comunicación tuvo nombre propio: Pablo Motos. Su ausencia física no impidió su presencia simbólica, con un vídeo en el que recordó que cada visita a València incluye una parada frente al Mercado de Colón, “más bonito que nunca”.
La Cultura encontró su voz en José Manuel Casañ. Basta pronunciar algunas de sus letras para entender por qué. Seguridad Social forma parte del imaginario colectivo, de bodas, fiestas y recuerdos compartidos. València suena en su música, y por eso el aplauso fue largo, sincero y agradecido.
En Gastronomía, Ricard Camarena recibió un reconocimiento unánime. Su cocina, nacida de la huerta y del respeto al producto, es también una forma de contar València. El momento más simbólico llegó cuando todos los comerciantes del Mercado subieron al escenario para una foto conjunta: comunidad, trabajo y futuro en una sola imagen.
Juan Galiano, director de Zona Valencia Centro de Cajamar, recordó que el comercio local no es solo economía, sino identidad, una manera de hacer ciudad desde lo cercano.
Los Premios Mercado de Colón nacen así, sin estridencias y con vocación de permanencia, como el propio edificio. Para agradecer, para reconocer y para recordar que València avanza cuando cuida a quienes la sostienen cada día. Y el Mercado, desde el corazón de la ciudad, seguirá siendo ese lugar donde todo empieza y todo vuelve.
