Jornada histórica para los taronja con el estreno del Roig Arena con victoria ante el conjunto italiano en la EuroLeague en un ambiente mágico
Natxo Andreu/ @natxoandreu
Valencia Basket firmó una jornada historia, estreno del Roig Arena, con un clima extraordinario y triunfo ante la Virtus Bologna por 103-94. Un partido que fue algo más que una victoria, un ejercicio de carácter, de resistencia y de orgullo colectivo, en una comunión perfecta en la nueva casa taronja.
El partido empezó con la dureza que caracteriza a la Virtus, imponiendo físico y contacto. Los taronja, espesos desde el perímetro, se atascaron en el triple, pero, sin embargo, estaban certeros en las conexiones interiores. El equipo arrancó con trabajo coral las primeras ventajas liderados por Omari Moore e intentando contrarrestar el rebote de los transalpinos.
Entonces llegó la segunda mitad, y con ella Darius Thompson primero, con 10 puntos seguidos vitales, pero por encima de todo, Sergio de Larrea. Con una confianza impropia de su juventud, se echó al equipo a la espalda y fue martillando a la defensa italiana con sus 23 puntos, cada canasta más importante que la anterior. Bien acompañado encendió la llama del Roig Arena y pese al empuje físico italiano, Valencia supo gestionar sus ventajas.
El último cuarto fue un estallido de energía. El Valencia encontró ritmo, circuló el balón con paciencia y valentía, y cada jugador sumó para construir una ventaja que ya no dejó escapar. El Roig Arena rugió con la certeza de que esa noche no había forma de sacar la victoria de casa.
El 103-94 final fue el premio a la fe, al esfuerzo compartido y a la ambición de un equipo que quiere dejar huella en Europa. Con este triunfo, los taronja se colocan invictos junto a Zalgiris y Hapoel, demostrando que su arranque de Euroliga no es casualidad, sino una declaración de intenciones.
