
Periodista deportivo
Articulo de opinión. Pedro Navarro
La dijo uno de los mejores narradores de básket que ha tenido Valencia, hace ya uno cuantos años, durante una de las retransmisiones en la extinta RàdioNou. “A este tío han de posar-li un busto en la Fonteta” exclamaba Carles Baixauli tras alguna acción portentosa de Rafael Martínez Aguilera sobre el parquet. Un halago para nada gratuito hacia uno de los jugadores más importantes de la historia de Valencia Basket.
Con los años, y con permiso de mi amigo Carles, hice un poco mía esta frase cada vez que Rafa Martínez mostraba alguno de los valores que lo hicieron tan grande: garra, corazón, bondad, liderazgo…
Muchos aficionados piensan que el club debería haberle renovado una temporada más, y de ese modo el ‘PitBull’ pudiese retirarse en la ciudad que le ha visto jugar los últimos 11 años. Pero eso resultaba del todo imposible por una razón bien simple: Rafa quiere jugar un año más, y en Valencia no lo iba a poder hacer.
El de Santpedor quiere sentirse importante en cancha y para ello marchará a un equipo donde la exigencia deportiva sea menor, donde pueda disponer de esos minutos de juego que en Valencia Basket le serían tan escasos (como este año ya hemos podido comprobar).
El club al que vaya será probablemente el que le vio nacer como gran jugador, el Bàsquet Manresa. Basta pasearse un rato por las redes sociales para detectar ipso facto como aficionados del equipo catalán reclaman también como suyo a Rafa, recriminando unas veces y lamentando otras que no haya tenido más protagonismo este año. Y claro, le piden que vuelva para retirarse allí.
El ‘PitBull’ ha sido el gran capitán de Valencia Basket los últimos años, situándose a la altura de los Nacho Rodilla o Víctor Luengo como estandartes del club. Once temporadas, se dice pronto. Máximo anotador histórico, segundo jugador con más partidos disputados. Cinco títulos. Leyenda. Pero Rafa es tan grande que también otros lo reclaman y quieren como suyo, como en Manresa.
Personalmente creo que tanto jugador como club han tomado una decisión acertada y coherente. Yo no querría ser carne de banquillo un día sí y otro también en mi último año en activo. Eso le esperaba a Rafa si se quedaba: un año de ostracismo, de minutos residuales en partidos en los que el resultado esté más que sentenciado, a favor o en contra. Muy poco para un mito como él.
Homenajes, los merece todos. El club ya anunció que retirará el dorsal 17 para que cuelgue en el cielo de La Fonteta. Tampoco estaría mal ir buscando a un buen escultor que esculpa el busto de Rafa (en mármol, al estilo romano, quedaría muy bien) y ubicarlo en la entrada de la Fonteta. Bien se lo habría ganado.
En su despedida del club (un hasta luego) dejó frases que resumen su grandeza: “Me he dejado la piel por este escudo. Mi mayor éxito es haberme ganado un hueco en vuestros corazones”. De momento, veremos a Rafa disfrutar un año más del baloncesto donde él quiera, aunque vaya a ser lejos de ‘su casa’, que siempre será Valencia.
