España 81-58 Alemania: un bronce para la historia y otra medalla mundial

La Selección española se impone a Alemania en Berlín y conquista su cuarta medalla mundial; Iyana Martín firma un partido extraordinario con 22 puntos, 9 asistencias y 28 de valoración y Alba Torrens se convierte en la española con más metales en la historia de los Mundiales

SempreValencia/ @semvalencia

España ha terminado la Copa del Mundo de Berlín 2026 exactamente como la empezó: ganando a Alemania. Pero esta victoria tiene un significado completamente diferente. Si aquel triunfo inaugural fue una declaración de intenciones, el 81-58 del partido por el bronce es ya historia.

La Selección vuelve a subir al podio de un Mundial y conquista la cuarta medalla de su historia, manteniendo a España entre las grandes potencias del baloncesto femenino internacional en el siglo XXI. Y esta vez el bronce sabe a oro.

Ante más de 17.000 espectadores en un Berlin Arena entregado a la selección anfitriona, España respondió con carácter, personalidad y una superioridad incontestable en la segunda mitad para cerrar el campeonato con una victoria tan contundente como simbólica. 81-58, un marcador que refleja la distancia que las españolas fueron capaces de abrir cuando el partido exigió carácter y que pone el broche a un campeonato en el que el equipo de Miguel Méndez volvió a competir entre las mejores del mundo.

La gran protagonista fue Iyana Martín, que firmó una actuación extraordinaria: 22 puntos, 9 asistencias y 28 de valoración. La base española tomó el mando cuando más lo necesitaba el equipo, dirigió cada ataque con enorme personalidad y terminó convertida en la MVP de un partido por el bronce que España recordará durante mucho tiempo.

Pero Berlín también deja una página especialmente brillante para Alba Torrens. La capitana ha entrado todavía más en la historia del baloncesto español al convertirse en la primera jugadora de España que conquista cuatro medallas en Copas del Mundo, superando cualquier registro individual entre las selecciones nacionales españolas, incluida la masculina. Una cifra que explica por sí sola la dimensión de una carrera extraordinaria.

España golpea primero

La Selección salió a por el partido desde el primer segundo. Conde y Gustafson asumieron protagonismo ofensivo, mientras el equipo español imponía una defensa intensa pero controlada y, sobre todo, comenzaba a dominar el rebote. España jugaba con una energía diferente, consciente de que no había mañana y de que la medalla exigía volver a ser el equipo competitivo que había demostrado ser durante todo el campeonato.

El resultado fue inmediato. En apenas ocho minutos, una canasta de Awa Fam colocó el marcador en un contundente 22-9. Alemania necesitaba reaccionar y lo hizo recurriendo principalmente a las acciones individuales de Sabally, su gran referencia ofensiva, pero España había conseguido hacerse con el control del encuentro. Un triple de Wilke en los últimos segundos del primer cuarto redujo ligeramente la distancia, aunque el 25-15 seguía reflejando el dominio español.

El segundo cuarto cambió el escenario. Alemania elevó su intensidad, Fiebich y Peterson comenzaron a encontrar mejores situaciones y los tiros libres volvieron a adquirir protagonismo, como ya había ocurrido ante Estados Unidos en las semifinales. El partido entró entonces en una fase mucho más incómoda para España y el conjunto alemán consiguió igualar el marcador en el minuto 16 (33-33).

Era el momento de no perder la cabeza.

Y ahí apareció Iyana Martín. La base asumió responsabilidades, España recuperó el control y volvió a defender con mayor intensidad. En la última acción antes del descanso, Raquel Carrera recuperó un balón y provocó una falta que permitió a España sumar dos tiros libres. El 40-36 al descanso dejaba el partido abierto, pero también mostraba que la Selección había conseguido superar el peor momento del encuentro sin perder su identidad.

Iyana y Raquel rompen el partido

La salida del vestuario fue definitiva.

España necesitaba evitar que Alemania creyera en la remontada y lo hizo de la mejor manera posible: aumentando todavía más la intensidad. Raquel Carrera se hizo enorme en la pintura e Iyana Martín comenzó a gobernar el partido con maestría. En apenas seis minutos, la Selección había cambiado completamente el panorama y se marchaba hasta el 53-39.

Alemania ya no encontraba soluciones colectivas. España, en cambio, tenía respuestas en prácticamente todos los frentes: defensa, rebote, circulación de balón, anotación exterior y presencia interior. El equipo había conseguido transformar la tensión de un partido por una medalla en una exhibición de madurez.

El último cuarto comenzó con la misma determinación. No hubo relajación. No hubo concesiones. Un triple de Cazorla colocó el 67-51 en el minuto 31 y confirmó que la medalla ya estaba cada vez más cerca.

Alemania siguió peleando hasta el final, empujada además por su público, pero ya no tenía argumentos para discutirle el partido a una España mucho más completa. La Selección mantuvo la concentración y la intensidad hasta el último segundo, incluso cuando la diferencia permitía respirar. Y esa ambición terminó llevando el marcador hasta su máxima distancia: 81-58. El bronce ya era español.

Una generación que se niega a bajarse del podio

España vuelve a marcharse de un Mundial con una medalla. Es la cuarta de su historia y la confirmación de una realidad que el baloncesto femenino español lleva construyendo durante décadas: España sigue estando entre las mejores del mundo.

El oro no pudo ser. Estados Unidos frenó a la Selección en semifinales después de un partido extraordinario, pero aquella derrota no puede borrar todo lo conseguido en Berlín. España se levantó, afrontó el partido por el tercer puesto y volvió a demostrar que tiene algo que va mucho más allá del talento: carácter competitivo.

Y en ese camino aparecen dos nombres que ya forman parte de la historia.

Iyana Martín, por su presente y por un partido que puede convertirse en uno de los grandes de su carrera. Y Alba Torrens, porque cuatro medallas mundiales no son solamente una estadística: son la huella de una jugadora que lleva años sosteniendo a España en la élite.

El último balón cayó en Berlín y las españolas pudieron celebrar. No era el color de medalla que habían venido a buscar, pero sí era una medalla que vuelve a colocar a España en el podio mundial.

81-58. Cuarto metal mundial. Una generación que sigue haciendo historia. Y un bronce que, por todo lo que representa, sabe a oro.