Un gol de Juan Iglesias hunde al Valencia en el minuto 80 y deja a los de Corberán colistas con un punto de quince en una noche que vuelve a mostrar a un equipo atenazado, sin claridad y cada vez más lejos de la reacción que necesita
Francisco Estellés/ @siskoestelles
Derota en el Sánchez Pizjuán. El Valencia CF salió del feudo sevillista derrotado por un gol de Juan Iglesias en el minuto 80, pero la sensación que queda después de otra noche negra va mucho más allá de ese cabezazo. Un punto de quince, último de LaLiga y un equipo que parece haber perdido la confianza en sí mismo justo cuando más necesitaba recuperarla.
Carlos Corberán llegaba a Sevilla contra las cuerdas. Su continuidad estaba en juego y lo sabía. También lo sabía el vestuario y, seguramente, una afición que ya no espera explicaciones, sino una reacción. El Valencia necesitaba ganar para empezar a cambiar el rumbo, para detener una caída que empieza a adquirir una dimensión preocupante. No lo hizo. Y lo más inquietante es que durante buena parte del encuentro pareció conformarse con sobrevivir.
El partido comenzó con cierta igualdad. El Valencia quiso tener la pelota, salir jugando y encontrar espacios ante un Sevilla que presionaba en bloque, esperando el error. Poco a poco los valencianistas fueron soltándose de los nervios iniciales y Gayà encontró una vía de salida por la izquierda, mientras Otorbi intentaba agitar el encuentro desde la derecha. Había intención, había voluntad, pero faltaba lo que más necesita un equipo cuando juega con la clasificación apretándole el cuello: serenidad para decidir bien.
En el minuto 9 llegó la primera polémica. El Sevilla reclamó penalti por un pisotón de Gayà, pero el colegiado entendió que no había suficiente intensidad ni intención para señalar la pena máxima y la acción no fue revisada. El Valencia siguió a lo suyo, aunque cada posesión parecía exigir demasiado esfuerzo. El balón circulaba, pero las ideas no terminaban de hacerlo. Mucho movimiento y poca claridad. Mucha necesidad y poca precisión.
Y entonces llegó otro contratiempo. En el minuto 23, César Tárrega tuvo que abandonar el terreno de juego lesionado y entró Iker Córdoba. Una modificación obligada más para un equipo que lleva semanas conviviendo con demasiadas ausencias. El partido fue entrando después en una fase áspera, interrumpida constantemente por faltas, protestas y parones. Después de la pausa de hidratación, el fútbol se volvió todavía más espeso y el miedo empezó a ganar metros sobre el césped.
El Valencia tenía el balón, pero no terminaba de saber qué hacer con él. El Sevilla tampoco encontraba demasiadas soluciones, aunque parecía sentirse más cómodo en aquel escenario de tensión. Y cuando todo apuntaba al descanso sin demasiadas noticias, apareció la mejor oportunidad visitante. Javi Guerra encontró a Danjuma y el delantero soltó un disparo duro que obligó a intervenir a Vlachodimos. Fue poco, pero suficiente para recordar que el Valencia todavía estaba vivo. 0-0 al descanso.
Reacción local
El Sevilla regresó del vestuario con otra energía. En el minuto 49, Salas tuvo una ocasión de cabeza tras un córner y, prácticamente a continuación, Stassin volvió a ganar en el juego aéreo y estrelló el balón contra el palo. Dos avisos que deberían haber servido para despertar al Valencia. Ocurrió lo contrario. El conjunto de Corberán comenzó a replegarse cada vez más y el Sevilla fue sintiendo que el partido estaba a su alcance.
Corberán movió el banquillo en el minuto 61 con la entrada de Harvey Elliott y Maffeo por Arnau Martínez y Sato, pero el cambio de piezas no modificó la sensación general. El Sevilla apretaba, el Valencia defendía y las transiciones valencianistas morían casi siempre víctimas de las prisas. Había espacios para correr, pero faltaba decisión para aprovecharlos. Y en un equipo que necesita desesperadamente una victoria, esa falta de determinación resulta especialmente preocupante.
Llegó la segunda pausa de hidratación y Corberán pidió concentración e intensidad. El mensaje era claro. El problema es que desde fuera daba la impresión de que el Valencia estaba jugando para no perder antes que para ganar. Como si el empate fuese un refugio. Como si arriesgar fuese demasiado peligroso. Como si el miedo a una nueva derrota pesara más que la necesidad de conseguir una victoria. Y, sin embargo, cuando el Valencia se atrevió, estuvo a punto de marcar.
David Otorbi protagonizó una contra y, en lugar de buscar una opción más segura, decidió finalizarla él mismo. Derechazo y el balón salió despedido hacia la portería y Vlachodimos apenas pudo reaccionar. El remate terminó estrellándose contra el larguero. Fue la ocasión más clara del Valencia en todo el partido y también una especie de metáfora de lo que estaba sucediendo. Cuando el equipo se olvidó del miedo, apareció el fútbol. Pero el Valencia no supo aprovecharlo.
El Sevilla siguió empujando y encontró el premio en el minuto 80. Y es que se veía venir, los locales sí querían los tres putos, y así, tras la ejecución de una falta lateral, el balón voló hacía el área y apareció Juan Iglesias para cabecear a la red. 1-0. Otra vez el Valencia por detrás. Otra vez obligado a buscar en los últimos minutos aquello que no había sabido construir durante casi todo el encuentro.
Corberán reaccionó dando entrada a Hugo Duro y Jesús Vázquez por Javi Guerra y Gayà. El reloj corría demasiado deprisa. El Valencia necesitaba un gol para rescatar al menos un punto y, con siete minutos de añadido, todavía existía una pequeña ventana para el milagro. Pero un equipo que llega a ese momento con tanta ansiedad necesita algo más que tiempo. Necesita personalidad. Necesita creer. Necesita tener claro qué hacer cuando todo se decide. Y el Valencia volvió a llegar tarde.
Los minutos fueron consumiéndose mientras los aficionados valencianistas desplazados al Sánchez-Pizjuán miraban el césped con una mezcla de rabia y resignación. Otra vez la derrota. Otra vez el regreso a casa sin respuestas.Un punto de quince y el Valencia colista de Primera División.
Corberán queda todavía más expuesto. El de Cheste está en el alambre. El técnico puede hablar de trabajo, de compromiso, de lesiones, de un calendario exigente o de las dificultades de una plantilla que ha llegado incompleta a demasiados partidos. Puede haber sido su último partido como entrenador del Valencia CF. Si no, el martes espera el Alavés en Mendizorroza.

FICHA TÉCNICA
1. SEVILLA FC: Odysseas, Iglesias, A. Castrín, Kike Salas, Suazo ©, Agoumé, Fofana (Kochorashvili, 71’), M. Sierra (Ejuke, 63’), Félix (Guridi, 84’), Isaac (Ure, 63’) y Stassin (Julio Díaz, 84’).
0. VALENCIA CF: Dimitrievski, Arnau (Maffeo, 62’), Pepelu, Tárrega (I. Córdoba, 24’), Gayà © (J. Vázquez, 83’), Dieng, Ugrinic, Javi Guerra (Hugo Duro, 83’), Otorbi, Ryunosuke (Elliott, 62’) y Danjuma.
GOLES: Juan Iglesias, 81’ (1-0).
ÁRBITRO: Mateo Busquets (C. Balear). Amonestó a Ryunosuke, Ejuke y Maffeo.
VAR: Carlos del Cerro (C. Madrileño).
Partido de la Jornada 5 de LALIGA EA SPORTS, disputado en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
