El nuevo restaurante del Grupo Los Gómez, en pleno centro de València, reivindica la cocina valenciana, el producto mediterráneo y la hospitalidad familiar con una propuesta que incorpora arroces a la leña, carnes y pescados a la brasa y un espacio propio para los más pequeños
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Hay restaurantes que nacen alrededor de una idea y otros que lo hacen alrededor de una historia. Linaje, Casa Paco Gómez, pertenece claramente a la segunda categoría. El nuevo establecimiento del Grupo Los Gómez no quiere ser únicamente otro restaurante dentro de uno de los grupos hosteleros más reconocibles de València, sino una especie de homenaje en forma de casa a Paco Gómez, el hombre que inculcó a sus hijos, José y Marcos, el amor por la gastronomía y por un oficio que la familia lleva desarrollando desde 1989.
Paco Gómez ya no está para contemplar lo que han construido sus hijos, pero su presencia está en cada rincón de Linaje. Fotografías junto a Amparo, su mujer, junto a sus hijos y junto a amigos y personas vinculadas a su trayectoria convierten el restaurante en algo más que un local gastronómico. Linaje pretende ser la casa a la que acudiría Paco, un lugar donde comer bien, compartir mesa y disfrutar de una cocina reconocible sin renunciar a una mirada contemporánea.
Ubicado en la calle Convento Santa Clara, 13, muy cerca de otros establecimientos del grupo como Los Gómez Correos, Puerta del Mar o Gran Mercat, Linaje se incorpora así al mapa gastronómico del centro de València con una propuesta en la que vuelven a aparecer algunos de los grandes argumentos de la casa: arroces, producto mediterráneo, carnes y pescados, pero con un elemento diferencial especialmente importante: buena parte de la cocina se desarrolla sobre leña y brasa.
Una casa familiar alrededor de la mesa
La palabra linaje habla de herencia, de aquello que pasa de una generación a otra. Y ese concepto está muy presente en el nuevo restaurante. La familia Gómez ha construido su trayectoria alrededor de valores como el esfuerzo, la honestidad, el trabajo y, sobre todo, la importancia de cuidar a los nuestros.
En Linaje esa filosofía se traslada directamente a la experiencia del comensal. El objetivo no parece ser impresionar mediante formalismos, sino conseguir que quien se siente a la mesa tenga la sensación de estar entrando en una casa en la que la hospitalidad forma parte de la receta.
El restaurante tiene capacidad para hasta 178 comensales por servicio, distribuidos en sus tres plantas. La entrada conduce a una larga barra que da paso a una cocina abierta, una declaración de intenciones en sí misma: aquí buena parte de lo que ocurre entre fogones queda a la vista.
Desde allí se puede observar el trabajo con los ibéricos y las carnes, la brasa y, especialmente, los arroces que se elaboran con fuego de leña. Una cocina sin demasiados secretos, en la que el producto y la técnica tienen que hablar por sí mismos.

La primera planta ofrece un ambiente algo más tranquilo y cuenta con una zona de coctelería, mientras que en el sótano se encuentran dos espacios reservados para grupos: el Salón Nano Díaz y el Salón Suegra Peris.
Son espacios pensados para comidas de empresa, reuniones, celebraciones familiares y encuentros especiales, con diferentes menús para grupos que permiten adaptar la experiencia a cada ocasión.
Arroces valencianos con fuego de leña
Si hay una familia de platos que vuelve a ocupar un lugar central en la propuesta gastronómica de Los Gómez son los arroces. En Linaje aparecen desde elaboraciones tradicionales hasta propuestas más contemporáneas, siempre con la intención de mantener el vínculo con la cocina valenciana.
La carta comienza con la paella valenciana, imprescindible en cualquier declaración de intenciones gastronómica de estas características, pero continúa con elaboraciones como la paella de carabineros y torrezno, la paella de bogavante azul, el arroz del senyoret con rodaballo o una de las propuestas más llamativas de la casa: la paella de picaña madurada y tuétano.

La diferencia respecto a otras marcas del grupo está también en la forma de cocinar. La leña adquiere protagonismo, aportando ese carácter que convierte al arroz en algo más que una cuestión de ingredientes: fuego, tiempo, aroma y técnica.
La propuesta se apoya además cada vez más en producto procedente de la propia huerta de Los Gómez en La Pobla de Farnals, reforzando el vínculo entre restaurante, territorio y producto de proximidad.
La brasa, el otro gran argumento
Junto a los arroces, la brasa ocupa uno de los lugares centrales de la carta. Pescados y carnes pasan por el fuego con una propuesta que busca potenciar el sabor del producto sin excesos.
Entre los pescados aparecen la lubina a la brasa, el rodaballo a la Donostiarra o el bacalao al horno. En el apartado de carnes, la oferta incorpora picanha a la brasa, entrecôte de vaca, solomillo Rossini con foie y carré de cordero.
Para quienes prefieren sentarse alrededor de un gran corte para compartir, la carta incluye también Chateaubriand, T-bone de vaca madurada y chuletón cowboy de vaca madurada.
Es una parte de la propuesta que encaja especialmente bien con el carácter de Linaje: una cocina reconocible, generosa y pensada para compartir alrededor de una mesa.
Entrantes para abrir boca y postres de memoria
Antes de llegar al arroz o a la brasa, la carta propone una serie de entrantes en los que también aparece ese diálogo entre tradición y producto.
Hay vieiras a la brasa con foie, carpaccio de picanha madurada, croquetas de jamón ibérico y vaca madurada, calamar a la romana, buñuelitos de bacalao, tuétano a la brasa y huevos rotos con jamón ibérico.
La parte dulce mantiene el mismo espíritu. La selección de postres se mueve en un terreno reconocible, con tarta de queso, torrija con helado de leche merengada, coulant de chocolate, hojaldre de manzana asada y flan de huevo.
Una carta que no pretende romper con la memoria gastronómica, sino reinterpretarla desde un restaurante de nueva generación.
Un restaurante también pensado para las familias
Hay otro elemento que diferencia a Linaje y que dice mucho de la filosofía con la que ha sido concebido. El restaurante incorpora en el sótano una sala dedicada a los niños, pensada para que los más pequeños puedan jugar mientras sus padres disfrutan de la comida.
La zona cuenta con piscina de bolas, un pequeño taller de pintura, televisión para juegos y un baño adaptado. Durante los fines de semana, además, monitoras se encargan de atender a los niños.
Porque en Linaje han querido llevar al extremo la idea de restaurante familiar. Aquí los niños no son un inconveniente, sino parte de la experiencia.
La apuesta tiene sentido dentro de un concepto que pretende reunir a diferentes generaciones alrededor de la mesa. Si la historia de Los Gómez se entiende como una transmisión familiar, el restaurante quiere convertirse también en un lugar donde las familias puedan seguir construyendo sus propias historias.
Menú del día y cocina sin interrupciones
Linaje mantiene además un horario amplio, con cocina ininterrumpida de lunes a domingo de 11:30 a 24:00 horas, lo que permite adaptar la propuesta a diferentes momentos del día.
De lunes a viernes, entre las 12:30 y las 16:30 horas, ofrece un menú del día por 27,90 euros, con diferentes opciones de entrantes, principales y postres.
La propuesta incluye platos de la identidad de la casa, con presencia de arroces como la paella valenciana, arroz de verduras a la brasa o arroz al horno de leña, además de pescados como lubina o rodaballo y carnes como carrillera ibérica o carré de cordero.
El restaurante cuenta igualmente con menús especiales para grupos, pensados para comidas de empresa, celebraciones familiares y fechas señaladas.
La historia continúa
Linaje es, en definitiva, el nuevo capítulo de una historia que comenzó en 1989 en La Pobla de Farnals y que ha llevado al Grupo Los Gómez a consolidar diferentes marcas y establecimientos en València.
Pero este proyecto tiene un componente emocional diferente. No se trata solamente de abrir otro restaurante. Se trata de abrir la casa de Paco.
La casa de un hombre que transmitió a sus hijos una manera de entender la hostelería y que ahora aparece en fotografías mientras José y Marcos continúan construyendo el legado familiar.
En Linaje hay arroces, brasa, producto mediterráneo, una huerta propia, reservados, coctelería y hasta un espacio para que los niños jueguen. Pero por encima de todo hay una idea sencilla: sentarse a comer juntos sigue siendo una de las mejores maneras de mantener una familia unida.
Y quizá por eso el nombre elegido no sea casual. Un linaje no es solamente lo que se hereda. También es lo que cada generación decide conservar, transformar y volver a poner sobre la mesa.
