España supera a Japón en un partido de carácter, termina primera de grupo y se mete en los cuartos de final del Mundial; Iyana Martín y Awa Fam lideran la reacción de un equipo que supo sufrir y crecer cuando más lo necesitaba
SempreValencia/ @semvalencia
España sigue soñando. Y lo hace con argumentos. La Selección Femenina derrotó este lunes a Japón por 59-79, cerró la fase de grupos como primera clasificada y ya está entre las ocho mejores del Mundial de Baloncesto Femenino 2026.
El resultado puede transmitir una superioridad mayor de la que realmente existió durante buena parte del encuentro, porque Japón obligó a las jugadoras de Miguel Méndez a trabajar hasta el límite, a jugar incómodas y a superar momentos de verdadera dificultad. Pero precisamente ahí estuvo una de las grandes virtudes de España: cuando el partido exigió carácter, la Selección respondió.
Japón planteó desde el primer minuto un encuentro físico, intenso y de enorme exigencia. Presión sobre el balón, defensa agresiva y una actividad constante para impedir que España pudiera jugar con comodidad. Las japonesas querían llevar el partido a su terreno, acelerar las posesiones y aprovechar cualquier posibilidad de correr.
España aceptó el desafío y, aunque durante algunos minutos tuvo que convivir con la incomodidad, encontró pronto la manera de controlar las principales armas de su rival. El rebote ofensivo se convirtió en una de las claves para impedir las transiciones japonesas y la defensa española cerró los espacios necesarios para evitar que Japón pudiera encontrar con facilidad su habitual amenaza exterior.
El primer cuarto terminó con 15-23, una diferencia que reflejaba el buen trabajo de España, pero que todavía no permitía respirar. Japón nunca se entrega y volvió a demostrarlo durante el segundo periodo. La Selección llegó a alcanzar una ventaja de once puntos, 29-37 en el minuto 19, después de un tiro libre de Mariona, pero el partido se complicó en los últimos instantes antes del descanso. Un triple de Tanaka, una falta en ataque de Gustafson, una técnica señalada a Miguel Méndez y una nueva falta de Megan cuando apenas quedaban cinco décimas provocaron un parcial de 10-2 para Japón que devolvió toda la incertidumbre al encuentro.
España se marchó al vestuario con apenas tres puntos de ventaja, 36-39, y con la sensación de que quedaba mucho trabajo por hacer. Japón había conseguido sobrevivir al dominio español y tenía el partido exactamente donde quería. Pero si algo ha demostrado esta Selección durante el campeonato es que sabe reaccionar. Y después del descanso apareció una España diferente, mucho más agresiva, mucho más concentrada y, sobre todo, con las ideas muy claras.
Awa Fam enciende la reacción
El tercer cuarto comenzó con un nombre propio: Awa Fam. La joven pívot española tomó el protagonismo ofensivo y encadenó siete puntos consecutivos, incluido un triple de enorme valor, para volver a abrir una brecha en el marcador. Del 36-39 se pasó al 36-46 en apenas unos minutos y, lo que era todavía más importante, España había recuperado el control emocional del partido.
A partir de ahí apareció la mejor versión defensiva de la Selección. España empezó a recuperar balones, dificultó cada movimiento ofensivo de Japón y consiguió que los lanzamientos exteriores japoneses fueran mucho más complicados.
La presión sobre el balón y las ayudas defensivas comenzaron a provocar dudas en un equipo acostumbrado a jugar con mucha libertad cuando consigue imponer su ritmo. Japón seguía peleando cada posesión, pero España había encontrado la fórmula para frenar su velocidad y obligarla a jugar en estático.
El tercer cuarto terminó con 48-57 y España ya tenía el partido en sus manos. No estaba ganado, pero la sensación era diferente. Japón había resistido durante veinte minutos, había aprovechado cada pequeño error y había conseguido volver a meterse en el encuentro antes del descanso. Pero ahora tenía enfrente a una Selección que había recuperado su identidad.
Iyana Martín pone la sentencia
Y entonces llegó el turno de Iyana Martín. Su regreso a la pista terminó de inclinar definitivamente el partido. La jugadora española anotó siete puntos en menos de dos minutos, colocó un tapón y recuperó un balón que acabaría transformando en dos tiros libres. Fue el golpe que necesitaba España para romper definitivamente la resistencia japonesa.
Con el marcador en 53-67, Japón comenzó a quedarse sin respuestas. España ya no jugaba únicamente para ganar; jugaba con la tranquilidad de quien ha conseguido imponer su ritmo y sabe exactamente qué debe hacer. Cada posesión era importante, cada rebote se peleaba como si fuera el último y cada balón dividido encontraba a una jugadora española dispuesta a lanzarse al suelo para recuperarlo.
La Selección había conseguido convertir un partido incómodo en una demostración de carácter. Y ahí estuvo la diferencia. Porque Japón nunca dejó de intentarlo, pero España ya no estaba dispuesta a concederle una segunda oportunidad.
Los últimos minutos fueron un ejercicio de madurez. Sin precipitaciones, sin regalar posesiones y manteniendo la intensidad defensiva, España fue ampliando una diferencia que terminó siendo la máxima de todo el encuentro.
El marcador final, 59-79, reflejó veinte puntos de ventaja que se construyeron desde la defensa y desde la capacidad de la Selección para crecer después de haber atravesado uno de los momentos más complicados del partido.
Iyana Martín terminó con 20 puntos y Awa Fam con 16, pero la victoria tuvo mucho de colectivo. España necesitó a todas para superar un partido que Japón quiso convertir en una batalla y que terminó resolviendo el equipo de Miguel Méndez desde el esfuerzo, la concentración y la defensa.
Primera de grupo y entre las ocho mejores
La victoria permite a España cerrar la fase de grupos como primera clasificada, después de combinar su triunfo con la victoria de Alemania ante Mali. El premio es enorme: la Selección ya está en los cuartos de final y queda a solo un partido de las semifinales y de la lucha directa por las medallas.
El próximo desafío llegará el jueves. España se enfrentará al ganador del cruce entre Australia y el tercer clasificado del grupo D, China o Italia. Queda todavía mucho camino por recorrer. Pero esta España no parece dispuesta a detenerse.
Ha superado a Japón, ha sabido sufrir cuando tocaba sufrir, ha defendido cuando el partido pedía defensa y ha encontrado a sus jóvenes protagonistas cuando más falta hacía.
Iyana puso los puntos. Awa encendió la reacción. Y España volvió a demostrar que el sueño no es una palabra vacía.
El sueño continúa. Y ahora, entre las ocho mejores del mundo, empieza otro campeonato.

