F. Estellés/ @siskoestelles
Anoche,pocos minutos después de que el Valencia CF lograra la gesta, con tintes épicos, de clasificarse para los octavos de final de la UEFA Champions League, su capitán, Dani Parejo comparecía en zona mixta para los compañeros que se habían desplazado a Amsterdam.
Visiblemente emocionado, el capitán ejerció sus galones esta vez fuera del campo, ante los micrófonos y grabadoras de la prensa, para explicar que más allá del nombres y hombres, el éxito de este Valencia residía en la unidad, en la familia.
Unas palabras tan sinceras como verdaderas de un grupo que en dos años, los dos que Marcelino estuvo al frente del equipo, ha cambiado su mentalidad y ha hecho de su humildad, compañerismo y compromiso su mayor seña de identidad.
Con ocho importantes bajas antes del trascendente partido, en un campo en el que su rival, el Ajax también se jugaba la vida, y ante un sinfín de adversidades, las dos últimas con la retirada de Gameiro mediado el segundo tiempo con molestias y la expulsión, -desde mi punto de vista, algo pueril- de Paulista, los hombres de Celades tiraron de orgullo y casta para demostrar que el fútbol es un deporte de equipo y que este grupo de jugadores, muy por encima de egos, nunca se rinde.
El Valencia es como una familia. Un valor que se trasmite también a la afición, con la que celebraron, todavía de corto instantes después de acabar el partido, el pase a octavos de final de la máxima competición europea.

Los de Celades saben sufrir, pero es que además esta actual plantilla del Valencia tiene una comunión especial y una química mágica con sus aficionados, con los que comparten cada éxito y a los que escuchan cuando la grada los alienta para llevarlos en volandas en los momentos complicados de cada partido.
Nadie daba un duro por el pase a octavos del Valencia. Nadie salvo los jugadores y la afición del Valencia que han entendido que futbolistas y seguidores son una familia. Valgan las palabras de Dani Parejo tras acabar el partido.
Valga la humildad de un jugador digno de llevar el brazalete de capitán y la camiseta del Valencia. «Nosotros nos basamos en el grupo, en la unión, somos una familia en el vestuario y esa es nuestra gran fortaleza. Hoy se ha demostrado una vez más y estoy orgulloso, nadie daba un duro por nosotros, hay que darle mérito a lo que se ha conseguido». Tras esta declaración cargada de sinceridad y de verdad poco se puede decir más. Bueno, sí… ¡Gracias!
