El teatro valenciano estrena ‘Ahlam, soñar con una vida’, en colaboración con Russafa Escènica, y recupera del 25 al 27 de septiembre la adaptación de ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’
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Sala Russafa afronta los últimos días de septiembre con una programación marcada por dos historias que, desde lenguajes y contextos diferentes, ponen el foco en la memoria, las relaciones humanas y las heridas que atraviesan a sus protagonistas.
El espacio valenciano acogerá el 24 de septiembre el estreno absoluto de Ahlam, soñar con una vida, una producción de la Asociación Comité Español de UNRWA en colaboración con la compañía balear Hermanas Picohueso e integrada en la programación de Russafa Escènica – Festival de Tardor. La pieza lleva a escena el cómic homónimo de Susanna Martín y Cristina Bueno y recoge historias reales de mujeres y niñas palestinas refugiadas en el Líbano.
A continuación, del 25 al 27 de septiembre, Sala Russafa recuperará El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, adaptación teatral de la novela de la escritora moldava Tatiana Tibuleac, dentro de su programación especial ‘Alcem el teló’.
‘Ahlam’, historias de mujeres y niñas refugiadas
La primera de las propuestas llegará el jueves 24 de septiembre con Ahlam, soñar con una vida, un espectáculo breve de 30 minutos que parte del cómic publicado en 2021 por Susanna Martín y Cristina Bueno.
Las intérpretes Manar Tajlo y Agnès Jabbour construyen sobre el escenario mapas, espacios y diferentes personajes para trasladar las historias de mujeres y niñas palestinas refugiadas en el Líbano. La propuesta utiliza el lenguaje escénico para acercarse a sus experiencias y a la realidad de generaciones marcadas por el conflicto y el desplazamiento.

Tras la representación tendrá lugar un coloquio conducido por Almudena Albert, técnica de educación para la ciudadanía global en UNRWA Comunitat Valenciana, que contará también con el testimonio de Rawaa Abu, mujer refugiada de Palestina nacida y criada en un campo de personas refugiadas en el Líbano.
La sesión será de acceso gratuito previa inscripción y hasta completar aforo, en una actividad que combina representación teatral, reflexión y testimonio.
La propuesta forma parte de la colaboración entre Sala Russafa y Russafa Escènica y supone el estreno absoluto de un montaje que utiliza las artes escénicas como vehículo para acercar al público historias que habitualmente quedan lejos de los escenarios.
Del rencor a la posibilidad de recomponer una relación
A partir del viernes 25 de septiembre, Sala Russafa cambiará completamente de registro con El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, una adaptación teatral de la novela de Tatiana Tibuleac que llega de la mano de la compañía madrileña A de Ardilla Producciones.
El montaje está firmado y dirigido por Miguel Alcantud y protagonizado por Juan Díaz, que ya pasó por Sala Russafa el pasado mes de febrero con una función que agotó las localidades. Ahora regresa al escenario valenciano del 25 al 27 de septiembre dentro de ‘Alcem el teló’.
La novela original se ha convertido en uno de los fenómenos de la literatura contemporánea europea. La edición española suma 24 ediciones y ha recibido distintos reconocimientos. Su adaptación teatral conserva el núcleo de una relación maternofilial marcada por el dolor, el rencor y la necesidad de comprender las heridas del pasado.
La historia se desarrolla a través de los recuerdos de un protagonista que atraviesa una crisis creativa. Instalado en el estudio de un pintor de éxito y atormentado por sus propios problemas, recibe la recomendación de explorar sus recuerdos para desbloquear sus emociones y su capacidad artística.
Así comienza un viaje hacia aquel verano que pasó junto a su madre, enferma de una dolencia terminal, en un pequeño pueblo francés.
Un tiempo de descuento. Un intento de recomponer una relación rota.
Pintura y teatro para reconstruir la memoria
La puesta en escena incorpora además creación pictórica en directo, de manera que el protagonista no solo reconstruye verbalmente sus recuerdos, sino que también los convierte en imágenes delante del público.
Las palabras y los trazos avanzan juntos mientras la historia se adentra en una relación marcada inicialmente por el rencor y va descubriendo las razones que se encuentran detrás de una herida profunda.
La propuesta mantiene la dureza de la novela, pero también su dimensión emocional, y conduce al espectador hacia un desenlace catártico. El resultado es una experiencia escénica construida alrededor de la memoria, la pérdida y la posibilidad de encontrar puntos de sutura allí donde durante mucho tiempo solo hubo distancia.
‘Alcem el teló’ continuará en octubre
La programación especial de Sala Russafa no terminará con estas dos propuestas. Del 2 al 4 de octubre, el ciclo ‘Alcem el teló’ continuará con Un día feliz, una producción de los aragoneses Teatro Che y Moche en colaboración con la violinista ucraniana Tereza Polyvka.
La obra combina humor, ternura, absurdo y esperpento en un musical zíngaro protagonizado por una familia de ‘fantasmas’ eslavos. La historia recorre sus vivencias desde la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa hasta la invasión de Ucrania, utilizando la comedia y la memoria como herramientas para acercarse a la barbarie.
Sala Russafa vuelve así a plantear una programación en la que el escenario sirve para mirar hacia historias personales y colectivas, desde la experiencia de mujeres refugiadas hasta una relación maternofilial marcada por el dolor.
Tres obras. Tres miradas. Y una misma idea: el teatro como espacio para recordar, cuestionar y tratar de comprender aquello que todavía duele.
