Russafa se convierte en un gran escenario a pie de calle

Diez estrenos absolutos transforman tiendas, cafeterías, academias, coworkings y galerías del barrio en pequeños espacios escénicos durante Russafa Escènica

SempreValencia/ @semvalencia

Russafa vuelve a convertirse en escenario. Desde hoy, 17 de septiembre, y hasta el próximo día 27, las calles del barrio valenciano acogen una nueva edición de Russafa Escènica – Festival de Tardor, una propuesta que vuelve a romper las fronteras entre teatro y ciudad para llevar las artes escénicas a espacios cotidianos.

Durante estas dos semanas, tiendas, academias, coworkings, galerías de arte y cafeterías dejan por unos días su actividad habitual para convertirse en lugares de representación. Diez propuestas, todas ellas estrenos absolutos, ofrecerán varios pases diarios en espacios no convencionales, con funciones de apenas 30 minutos, aforos reducidos y una relación especialmente cercana entre intérpretes y espectadores.

El festival toma como punto de partida el lema ‘Sagrada i profana’, una invitación a cuestionar aquello que tradicionalmente se considera intocable. Religión, familia, clásicos literarios, arraigo o identidad se convierten en materia escénica para una generación de creadores emergentes que aborda estos conceptos desde lenguajes y perspectivas muy diferentes.

Teatro de texto y físico, danza, títeres, cabaret, musical, comedia y tragicomedia forman parte de una programación que reivindica la vitalidad de la creación escénica valenciana y ofrece al público la posibilidad de descubrir nuevos nombres y nuevas formas de entender las artes escénicas.

Treinta minutos para entrar en otro universo

Una de las grandes particularidades de Russafa Escènica es precisamente que el público va a ver teatro sin entrar en un teatro.

Las representaciones se desarrollan en espacios cotidianos que durante media hora cambian completamente de función. Una tienda puede convertirse en una casa, una cafetería en un escenario, una academia en un universo teatral o una galería en el lugar donde sucede una historia.

Los aforos reducidos permiten además una experiencia especialmente próxima. El espectador no contempla la representación desde la distancia habitual de una sala convencional, sino que comparte espacio con los intérpretes y se convierte, de alguna manera, en parte de ese pequeño universo que se construye durante 30 minutos.

Es una de las señas de identidad de un festival que apuesta por acercar las artes escénicas a públicos diferentes y demostrar que la ciudad también puede convertirse en materia teatral.

Diez estrenos bajo el lema ‘Sagrada i profana’

La programación de esta edición propone diez piezas creadas específicamente a partir del lema ‘Sagrada i profana’.

En Màret, de Típica Tòpica, Julieta Betancor y Javi Nadal interpretan a dos hermanos atrapados en un vínculo familiar que escapa de las reglas convencionales. La obra juega con la idea de que los vínculos familiares pueden ser sagrados, pero también profanados.

La religión aparece desde una perspectiva completamente diferente en La Beata, de Apart Teatre. Maria Part protagoniza un monólogo que combina tecno, tacones y referencias religiosas para preguntarse qué puede esconder quien nunca falta a misa de doce.

Enlatados, de Volvoreta

La supervivencia se convierte literalmente en una religión en Enlatados, de Volvoreta. Dos amigos permanecen refugiados en un búnker ante la amenaza de un ataque atómico, en una comedia que utiliza el humor para abordar los límites de la resistencia humana.

También hay espacio para la identidad y la inmigración en Forastero forastero, de Hu Zhao, que se aproxima a la experiencia del único hombre chino de la comarca de Els Serrans. La pieza utiliza el humor y el cambio entre mandarín, valenciano e inglés para abordar las relaciones entre quienes llegan y las sociedades que los reciben.

Los títeres protagonizan Peter Pank, de Karurosu Teatro, una mirada retrofuturista al clásico de J.M. Barrie. En este universo, un virus impide madurar a los seres humanos.

Danza, teatro físico y cabaret

La programación también amplía los lenguajes escénicos con propuestas como Mi cara cuando…, de Julia Zac, una investigación sobre la cultura del meme a través del baile, la gestualidad y las imágenes religiosas.

En Dalt del més amúnt, de Misèria i companyia, el teatro físico y el humor sirven para acercarse a una situación tan cotidiana como incómoda: dos compañeros de piso que sufren sarna sin saber de dónde procede.

El milagro, de Suspendidas Teatro,

El cabaret llega de la mano de El milagro, de Suspendidas Teatro, una propuesta que aborda con descaro la mercantilización de la fe y que cuenta con Estela Domínguez y Jimena Serrano sobre el escenario.

Por su parte, Santa, de María Sáez y Ana Dayo, utiliza el musical y las canciones para establecer paralelismos entre los martirios de una mujer treintañera contemporánea y los de una monja barroca.

La programación se completa con Sr. Bien, de Gabriel Soler, una propuesta de autoficción que reúne por primera vez sobre un escenario a un padre y un hijo, cantante y actor. Entre canciones de Frank Sinatra y recuerdos de infancia, ambos intentan construir juntos un espectáculo y, sobre todo, aprender a comunicarse.

El festival también nace fuera de Russafa

Una parte fundamental de estas propuestas se ha desarrollado lejos del propio barrio. Durante el mes de julio, los diez proyectos fueron acogidos en diferentes municipios de la provincia de Valencia dentro del programa de residencias de creación Via Escènica.

Alaquàs, Alboraia, Aldaia, Alfafar, Almussafes, Alzira, Benifaió, Foios, Quart de Poblet y Rafelbunyol acogieron a los equipos artísticos durante el proceso de creación.

Una vez finalizado el festival, las piezas realizarán a lo largo de 2027 una pequeña gira por los municipios donde fueron creadas. De esta manera, Russafa Escènica amplía su impacto más allá de la capital y contribuye a generar una red de exhibición para los nuevos creadores valencianos.

La iniciativa permite además que otros públicos puedan acercarse a géneros, temáticas y lenguajes que habitualmente tienen una presencia menor en la programación cultural fuera de València.

Dieciséis ediciones impulsando nuevos talentos

Desde 2011, Russafa Escènica ha mantenido una apuesta clara por los creadores emergentes. A lo largo de sus dieciséis ediciones, el festival ha servido como punto de partida para artistas que posteriormente han consolidado sus carreras en la escena valenciana.

Entre ellos figuran nombres como Paula Llorens, Xavo Giménez, Begoña Tena, Víctor Sánchez o Isabel Martí.

La edición de este año vuelve a plantear esa misma apuesta: ofrecer un espacio a una nueva generación de creadores e intérpretes y permitir que el público descubra propuestas que quizá todavía no han encontrado un espacio estable dentro de los circuitos convencionales.

Russafa Escènica convierte así durante diez días el barrio en una especie de mapa teatral. El espectador recorre sus calles para descubrir historias escondidas en lugares cotidianos y comprobar cómo una tienda, una cafetería, una academia o una galería pueden transformarse durante media hora en un escenario.

Porque durante Russafa Escènica no solo se representa teatro en Russafa: Russafa entera se convierte en teatro.